Corea del Norte·2 min de lectura·Autor: Koreabw AI Desk

El giro estratégico de Kim Jong-un: Rusia, China y EE.UU. se disputan su favor

Cinco años después de admitir el fracaso de sus planes económicos, el líder norcoreano vive un momento de fuerza inesperada, cortejado por Moscú, Pekín y Washington, aunque su nuevo complejo turístico de playa no logra atraer visitantes.

Actualizado: 27 ago 2026, 06:04 GMT-3
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Cinco años después de admitir el fracaso de sus planes económicos, el líder norcoreano vive un momento de fuerza inesperada, cortejado por Moscú, Pekín y Washington, aunque su nuevo complejo turístico de playa no logra atraer visitantes.

Cinco años después de admitir públicamente que sus planes económicos habían fracasado "en casi todos los sectores", el líder norcoreano Kim Jong-un se encuentra en una posición sorprendentemente favorable. Lejos del aislamiento asfixiante por sanciones de principios de la década de 2020, Kim es ahora objeto de cortejo por parte de tres de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, un giro que pocos analistas anticipaban hace apenas dos años.

El cambio se remonta a la invasión rusa de Ucrania en 2022, que abrió una ventana que Pyongyang ha sabido aprovechar. Según estimaciones del banco central de Corea del Sur, la economía norcoreana crece por tercer año consecutivo desde 2023, a un ritmo anual de alrededor del 3,5%, superando a Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Brasil. La mayoría de los 27 millones de habitantes del país sigue sumida en la pobreza extrema, pero ese crecimiento ha dado al régimen un margen financiero que no existía cinco años atrás.

Buena parte de esa bonanza inesperada proviene del papel de Corea del Norte como proveedora de armamento a Moscú. Se estima que Pyongyang ha vendido a Rusia armamento por valor de unos 14.000 millones de dólares, incluidos más de 10 millones de proyectiles y cohetes de artillería, mientras decenas de miles de soldados norcoreanos han sido desplegados para combatir junto a las fuerzas rusas u operar drones contra objetivos ucranianos. El acuerdo ha convertido a Corea del Norte en una socia indispensable, aunque no oficial, del esfuerzo bélico de Vladimir Putin.

Kim también ha recompuesto los lazos con Pekín. El presidente chino Xi Jinping viajó a Pyongyang este año en lo que constituye su único viaje al extranjero en 2026, un gesto simbólico que subraya cuánto se ha recuperado la relación entre ambos países tras un periodo de enfriamiento.

Washington también busca un nuevo acercamiento. El presidente estadounidense Donald Trump, interesado en repetir el impacto mediático de la cumbre de 2018 con Kim, redujo recientemente los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur, un gesto ampliamente interpretado como un guiño de buena voluntad hacia Pyongyang. La respuesta norcoreana fue notablemente indiferente, señal de que las sanciones y la presión diplomática ya pesan poco sobre el régimen. Los analistas prevén que Kim exigirá un alivio significativo de las sanciones y, en última instancia, algún tipo de reconocimiento estadounidense del estatus nuclear del país antes de aceptar volver a sentarse con Trump.

No todo le sale bien a Kim, sin embargo. El complejo turístico insignia de Wonsan Kalma, construido para proyectar una imagen de prosperidad y abrir el país a un turismo aunque fuera limitado, tiene dificultades para atraer visitantes más allá de los turistas rusos actualmente autorizados a usarlo. El tropiezo recuerda que el aislamiento económico más amplio de Corea del Norte persiste, incluso mientras mejora su peso geopolítico.

En conjunto, el giro ilustra cómo la guerra en Ucrania ha reconfigurado el cálculo estratégico de Corea del Norte, transformando a un Estado antes desesperado y aislado en un país con influencia real sobre tres potencias globales a la vez, una dinámica que podría complicar cualquier esfuerzo futuro por frenar sus ambiciones nucleares.

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